País: España
Año: 1951
Género: Drama.
Duración: 91 min.
Dirección: Jose Antonio Nieves Conde
Guión: Vicente Escrivá
Fotografía (b/n): Manuel Berenguer
Música: Jesús García Leoz
Intérpretes: Fernando Fernan Gómez, Maria Rosa Salgado entre otros.
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Al igual que con Surcos, Nieves Conde nos presenta una pequeña obra de arte del cine español de los 50. Con los mismos dilemas morales y enemigo a combatir, se nos presenta una familia desatendida y perdida moralmente en manos de un modernismo consumidor. El protagonista, seminarista encomendado a la misión de arreglar y unir a su familia antes de ser ordenado sacerdote, deberá, cual película de cine negro policíaco americano, devolver al buen camino y solucionar uno a uno los problemas de los que sus parientes no podían salir.
El film, moralista de inicio a fin, nos muestra la resignación de un sacerdote ante su muerte y el final deseo (bajo casi sus mismas palabras) de que Dios disponga de su alma cómo y cuándo guste una vez analizada una vida que, aunque en un principio mal encaminada, reconducida y conciliadora.
La familia del protagonista cae en desgracia tras la muerte de la madre, desaparecidos los preceptos morales se entregan a una vida amoral, fría, superficial y desapegada de la religión. Este mismo protagonista, en manos de Fernando Fernan Gómez, nos descubre el camino de la redención y la esperanza de la época.
La guerra civil, siempre vista desde el ojo del bando vencedor, se muestra con toques de humor negro, la camaradería de la fidelísima legión, la valentía cómo marca personal del protagonista ("si no fuese el capitán más valiente de la compañía..."), junto con las relaciones y toques cómicos ("si usted me dice que esto es un triciclo, yo lo firmo, lo certifico y le rompo la cara a quién me lleve la contraria...") se oponen a la crueldad republicana que ataca a traición en horas de baja luz.
Pero lo más importante a destacar de la obra son las relaciones personales que se establecen, el sacerdote (más bien el diácono, presacerdote) está lejos del tópico, no se escandaliza como un pusilánime, sino que lucha virilmente y con rabiosa naturalidad contra un ambiente no muy apropiado para un clérigo, ahondando en los recuerdos de su vida pasada llena de desventuras y amores en el club y en la retaguardia. Pese a la tragedia, y como es habitual en el cine de la época, los personajes siempre recurren y encuentran consuelo en la Iglesia, cosa no de extrañar en una sociedad como la Española de 1950, anclada en valores y preceptos morales ahora vistos cómo imposibles pero que dos años más tarde firmaría un Concordato con la Santa Sede.
De destacar también fueron las situaciones del rodaje, pues Nieves Conde quiso ser asesorado por varios sacerdotes que cómo no, se interesaron por el en sí sólo singular guión. La censura por su parte tan sólo apuntilló y limitó los personajes "malvados", no por el mero hecho de que lo fuesen, sino porque en una sociedad como la Española tales personajes no tenían cabida si no se reducía su impacto y alcance.
A mi gusto, la película heredera del más puro cine negro americano y el realismo italoamericano imperante en la época. Con un país recuperándose lentamente de una Guerra Civil es de destacar la capacidad de reproducir y crear cine que transmitiese un mensaje adoctrinador y al mismo tiempo esperanzador que justificase y hiciese olvidar los malos tragos del régimen impuesto. La película por su parte también sabe combinar y expresar a través del humor y la tragedia las posibles y ficticias situaciones de las clases pudientes en la tan desdichada década de los 50, así como refleja perfectamente las costumbres, usos, consumos, diversiones y propiedades de una juventud y unas clases ricas cómodas fieles al régimen de los vencidos y poco azotadas por la guerra.
Desde la lejanía se ve cómo una película adoctrinadora, facha, manipuladora y camufladora, pero también es cierto que si le quitamos todas esas verdades nos encontramos ante una película interesante y elaborada para los estándares de una sociedad cerrada en sí misma, agotada y todavia superando hambrunas.


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