martes, 30 de septiembre de 2008

"Surcos" (1951)



País: España
Año: 1951
Género: Drama.
Duración: 99 min.
Dirección: Jose Antonio Nieves Conde
Guión: osé Antonio Nieves Conde & Gonzalo Torrente Ballester (Idea: Eugenio Montes)Fotografía (b/n): Sebastián Perera
Música: Jesús García Leoz
ONLINE: Completa al final del trabajo/crítica.
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CONTEXTUALIZACIÓN Y CRÍTICA.

El 3 de marzo de 1956 ante un auditorio en una concentración falangista Jose Luís de Arrese decía "si estamos insatisfechos los falangistas es porque muchas de nuestras ambiciones revolucionarias están pendientes de realizar y porque la sociedad que nos circunda tiene mucho de injusta y mucho de sucia"
Estas palabras definen perfectamente el espíritu de Surcos, verdadero manifiesto de la segunda generación de Falange y respuesta a la pérdida del peso político e ideológico del falangismo.

El proceso de institucionalización de régimen conllevó algunos cambios en los equilibrios de poder entre las familias franquistas. La Falange seguía siendo una referencia política fundamental, con su control de la Secretaría General del Movimiento y su nutrida presencia en el gobierno, aunque poco a poco, la identificación del falangismo como una fuerza fascista supuso un lastre para un régimen que buscaba, por la vía de una pretendida liberación, un lugar al sol en la nueva Europa. A partir de entonces, las alusiones al Partido único, o a FET, dieron paso a la más descafeinada fórmula de Movimiento Nacional.
Lentamente entre muchos de quienes se consideraban falangistas iria surgiendo el malestar ante las maniobras de Franco en beneficio de situaciones conservadoras. Entre los jóvenes de la "segunda generación" falangista iban tomando cuerpo actitudes críticas que, sin representar peligro alguno para el régimen ponían de manifiesto que una parte del falangismo no se resignaba al papel de comparsa a que parecían destinadas las jerarquías azules del Movimiento.
En el cambio de gobierno de 1945, los falangistas aunque mantenían algunas posiciones perdían el Ministerio de Agricultura, dónde poco o nada se había hecho por lanzar una reforma agraria como parte de la "revolución pendiente".
En 1950, alejada del Plan Marshal, la economía española se resentía y estancaba. Víctimas de la carestía de la vida, ciertos sectores de la población empezaban a hacer patente su descontento. La huelga laboral, hizo de nuevo su aparición en los primeros años de 1950.
A comienzos de 1951, año de estreno y rodaje de la película, la Compañía de Tranvías de Barcelona anunció una subida de tarifas. Los barceloneses, indignados reaccionaron con un boicot generalizado al transporte público. La celebración de una reunión de enlaces sindicales afectos al régimen se convirtió en la plataforma de una huelga general convocada en la ciudad para el lunes 12. Por su parte el gobierno denunció la huelga como una maniobra comunista poniendo rápidamente fin al gobierno reivindicativo, la mejora del trolebús mencionada en la película se entiende como un guiño a la desestabilidad y las protestas, ironizando sobre su modernidad.
Enfrentados a los retos que planteaban otras familias franquistas, los responsables de la Falange abundaron en la retórica social de la "revolución" nacionalsocialista, con propuestas como el aumento de peso de la Organización Sindical en la política económica y la vuelta al "buen camino".
El enemigo fundamental era el modernismo, que incluya aspectos tan variados como el laicismo, las costumbres sociales más innovadoras o el creciente papel de la mujer en la esfera de lo público. Se denostaba por tanto un estilo de vida considerado cosmopolita y anticristiano, y por lo tanto, antinacional.


La película, obra de Nieves Conde, y Torrente Ballester, cumple rajatabla los principios del ideario falangista en su lucha contra el modernismo, miembros de falange ambos ya habían participado en la contienda civil en 1936, llegando el primero incluso a alférez provisional de infantería bajo las camisas azules.
Con el estreno de Surcos alcanzarán un lugar privilegiado entre el falangismo más progresista (el de Dionisio Ridruejo y el mismo Heredia) y la burguesía ilustrada del momento. La censura, en manos de Falange en su mayoría no ve más allá de pequeños inconvenientes la realización y difusión del largometraje, la apuesta más decidida por una parte de la Falange, la más ortodoxa, para mantener vivas algunas de las consignas que les hicieron prestar sus apoyos tanto al alzamiento como al actual sistema.
Esta historia de una familia emigrada del campo, alcanzaba una dimensión absolutamente inédita en nuestra historia cinematográfica: había crítica social, había interrogación de una naciente prosperidad, basada sobre todo en el estraperlo, pero había, sobre todo, un posicionamiento . La censura religiosa de aquellos años, sin embargo, fué la única fuerza que golpeó el experimento y obligó a rectificar un final durísimo (la hija entregada a la prostitución para sobrevivir) y a sustituirlo por otro: la misma mujer colocada como asistenta en una casa de la burguesía.
La nueva España amoral, gris y deshumanizada, alejada de los principios de Falange, se permite vivir en pecado y alejada de la regilión sin renunciar a nada, contrasta con la España risueña, limpia, de los valores, del "como Dios manda". El Sindicato, colapsado, ha perdido la razón de su función e importancia, y los nuevos emigrantes han sido empujados a la ciudad por necesidad, he aquí la reivindicación de lña reforma agraria falangista, sin encontrar más que burlas y descontentos. En esta nueva sociedad, hasta la inociencia de los niños se trunca en pos de la supervivencia a través del engaño, el robo o la delación. El para el régimen inexistente estraperlo, aquí se precisa como única vía de subsistencia.
Así pues aparecen escenas en las que se insinua el abandono del rezo del rosario en la ciudad, el compartir lecho sin contar con el sacramento del matrimonio y la crueldad y el desentendimiento de unos personages del dia a día, títeres de las mujeres y del pecado que representan. Las nuevas conductas sociales sólo llevan al fracaso y a la tragedia, pero por otra parte también se incluye la esperanza. Las nuevas generaciones de mirada sencilla, viva, clara y enamorada se abren camino consiguiendo la felicidad si respetan lo sagrado de la vida y evitan el mal camino.
El final, sobrecogedor encierra una ideologia clara en su última frase, la nueva España, necesaria, ha de reconfigurarse y basarse en la España "de provincias", conservadora y de fuerzas vivas.

1 comentario:

AlexanderNevski dijo...

Me ha quedado muy nazi... no?